EDITORIAL: Periodista 24/7/366

Desde que tengo conciencia de mi capacidad de raciocinio quise ser contador de historias. Incluso me atrevo a pensar que aún si no hubiese estudiado formalmente periodismo, seguiría siendo un contador de historias. Me atrevo incluso a creer que nací con eso y para eso.

Mientras en mi país de residencia el debate presidencial y la llegada de un gobierno progresista se debate en las cortes y la tan esperada investidura parece que caerá por fin el próximo martes 7 de enero; en mi país natal se celebra a los periodistas recordando a un personaje como Luis Chusig, Eugenio de Santa Cruz y Espejo, con el pomposo nombre que utilizó para poder ser digno de acceder al conocimiento y a la palabra en su época.

Espejo fundó “Primicias de la Cultura de Quito” el 5 de enero de 1792. Si bien el primer rotativo ecuatoriano tuvo pocos números, Chusig es uno de los símbolos más genuinos y uno de los manantiales de los que se puede beber una ecuatorianidad real: un mestizo con la inteligencia necesaria para burlar todas las prohibiciones y vedas que imponía el Poder a ciudadanos de segunda o tercera clase, como eran considerados indígenas, mestizos y todos los no blancos en la Colonia. Vivió y dejó su alma tratando de contar su historia, de poner el conocimiento al alcance de la mayor cantidad de gente posible.

Parece increíble que tres siglos después la lucha de Espejo de poner la razón, la ciencia y el conocimiento en favor del bien común, siga siendo una reivindicación necesaria a nivel mundial. Es una demostración que como especie humana nos asimilamos a los cangrejos.

En el artículo Eugenio Espejo fue el pedagogo del periodismo, publicado en El Telégrado y firmado por Fausto Segovia Baus, se cita a Leopoldo Benites Vinueza para sacar la esencia de Chusig y su importancia para el periodismo de Latinoamérica: “Espejo, como más tarde fue el de Montalvo, fue expresión pedagógica, una manera de hacer de la palabra escrita un medio de enseñar, de suscitar inquietudes, de despertar rebeldías’.

Para mí lo principal que nos enseñó Espejo a los periodistas es que esa pasión por contar nuestra historia y acercarnos a la verdad de nuestro tiempo, de poder acercar el conocimiento a la gente, debe ser el principal motor que nos impulse a ofrecerle al mundo los escenarios más racionales y reales posibles. Los periodistas tenemos el poder de ayudar a configurar un consciente colectivo que se acerque a la compleja verdad.

Siempre fui contador de historias, luego fui periodista, después me hice comunicador digital. Estoy aquí para contar algo, no solo trabajo como periodista, si no que vivo como periodista, es una forma de entender y afrontar la vida. Se acuesta a dormir un periodista, duerme un periodista, se levanta un periodista, 24/07/365 y en este bisiesto 366. Siempre tendré algo que decir y le guste o no, puede que mi verdad duela.

Le agradezco desde ya si llegó hasta acá, queda invitado a que este año 2020 me acompañe en este proyecto periodístico llamado pedrocamilomonteros.com, un blog profesional que empecé en 2019, en el que llevo publicadas 146 entradas en diversos formatos: audios, entrevistas en vídeo, crónicas, análisis, reportajes, fotorreportajes, series fotográficas, postales del día, podcast y otros… un espacio digital de expresión y creación en el que seguiré ejerciendo el oficio que para mí es una de las principales razones para estar vivo: el periodismo.

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