MIS CAMISETAS: MARADONA / NAPOLI – La eterna resaca

En la televisión vi una nota que le hacían a un coleccionista colombiano que había acumulado cerca de 6000 camisetas de fútbol. No me atreví siquiera a contar las mías (no llegaré ni a la veintena). Me puse a pensar si podría siquiera considerarme un coleccionista de camisetas de fútbol. Enseguida me asaltó la pregunta ¿cómo puedo tener tan pocas camisetas si desde que tengo uso de razón siempre fue mi regalo más anhelado? Siempre me las regalaron, además, apenas junté dos monedas corrí a comprarme la camiseta de mis equipos preferidos, adquirí camisetas clásicas y de equipos locales o del mundo que me llamaron la atención.

Recordé a un buen amigo abogado de Portoviejo que me hizo un favor y que no me cobró por sus servicios, así que como el cantante guayaquileño Héctor Napolitano, el viejo Napo, en una de sus canciones hechas en Galápagos que decía: “Y nos bajamos de la ñusta al bus con esas maletas, a mí no me cobró César, yo le pago con cerveza”, atine a decirle “yo te pago con cerveza mi pana”. Con ese recuerdo me di cuenta de dos cosas: la primera es que que conservo las camisetas que me ha regalado la gente que me ha querido y me lo ha demostrado con camisetas de fútbol, quizás los objetos materiales de este mundo que más me gustan. Segundo, que a la gente que he querido y quiero, siempre me ha gustado regalarle algo que vale más que el dinero: mis camisetas, así que esa es la principal razón por las que conservo tan pocas de las que han pasado por mis manos.

Esta camiseta de “Diego” me la trajeron de Nápoles y me la regalaron los papás de mi amigo Andrés Molina, cuando compartíamos un legendario piso, en el que incluso juntos nos atrevimos a hacer un asado en el balcón y terminaron llegando los bomberos frente al Campus de Tarongers de la Universidad de Valencia. Sería allá por 2004 cuando me la obsequiaron, ha sobrevivido múltiples mudanzas, ha cruzado el charco de ida y de vuelta. Más allá de ser una imitación, es de la época en la que Diego Armando fue un Dios jugando a la pelota, en las faldas del Monte Vesubio, retando “a los más villanos sin más armas en la mano que un 10 en la camiseta” como reza el himno maradoniano de Los Piojos.

Es mi camiseta preferida para la resaca, después de la borrachera, que mejor que vestirse de Diego para asumir con descaro y algo de fanfarronería algo parecido a un “sí, me emborraché y ¿qué?”.

Yo ya no existo sin pasado, 

entre la oscuridad y la luz. 

Yo se que existo en otro lado, 

yo ya perdí el autobús, 

como en el Maradona blues. 

Un accidente no es pecado, 

y no es pecado estar así? 

Pero aquí estoy en este lado, 

por eso déjame salir, 

yo solo quiero tu vivir.

Maradona Blues – Charly García
A %d blogueros les gusta esto: