La postal del día: Persiguiendo a la máquina (26/09/2019)

Soy de la generación en la que los sábados o domingos nos despertaban a los niños y adolescentes con la maldita aspiradora en la oreja. No había cobija o manta capaz de evitar el agudo y persistente timbre del despertador que nuestra madre nos acercaba a la oreja para que abandonemos la cama. Entonces, el humano manejaba las máquinas para limpiar.

Ahora la aspiradora va sola, hasta pasa el limpiador de pisos. Hay que programarla, darle de comer energía, cuidarla de las agresiones de infantes incautas, evitar que se encuentre con cables letales, patas de sillas, trapos o cosas sueltas. Hay que bañarla y sacarle los desperdicios de vez en cuando, perseguirla cuando traviesa, se le antoja echarse a andar por sí sola. Rogar porque su vida útil sea prolongada. ¿Ha llegado o llegará el tiempo en que su especie nos persiga?

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